De Parado
me como un funeral al paso
entre el vientre
y el recuerdo.
Si el Muerto hablara,
de seguro dirìa: buenas noches,
señores,
sirvanse un pedazo de
mi carne muerta
y helada,
sirvase usted señora
un pedazo de hígado
hinchado y desierto,
convidele a su niño
un trozo de mi dulce
espina dorsal,
sirvanse queridos,
sobre este mantel
elástico
llamado piel,
hagan el buen provecho
en mi última final.
O tal vez diría
solamente buenas noches,
pidiendo unas últimas
palabras quebradas
al sol,
comiendo
al paso
del
último
ojo.
En cambio,
tal vez,
si despertara
llamando por los
costados
para verse
en la cara
y la voz
en la prole
herida
y sangrante
los escupiría
a troche y moche
por toda
la escalera
y la noche,
y cantaría
a voz
de
niño en santo.
Solo y solamente, lo diré por última vez, para comerse las uñas de funeral al paso.
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